19 abril 2011

Crónicas de Ciudad Soleada. Fuego

No puedo confirmarlo del todo, pero creo que ese fue uno de los momentos más importantes en nuestras vidas, no solo por la muerte de nuestros padres, sino por lo que vino después, el incendio fue crucial, al parecer mi historia tiene mucho en común con la de los Heskert (1), el fuego la marco por completo, y esa, la etapa más extraña de nuestras vidas comenzó con una explosión.

Aquella era una tarde anormal en Ciudad Soleada, yo caminaba tranquilamente por una de las calles empedradas del lado viejo de la ciudad, donde los lomeríos hacen que las casonas coloniales se vean más altas e imponentes de lo que son en realidad, el calor era infernal, el cielo con su intenso color celeste y sin nube alguna me recordaba la razón por la cual Don Rubén Del Valle y Heskert había bautizado a la ciudad con el nombre que portaba con orgullo, desde hacía ya 397 años, 397 en ese entonces. En todas las calles había un gran borlote, faltaba una semana para la fiesta de los 398 años de fundación de la ciudad y toda la gente adornaba las fachadas de las casas con papel de china en colores azul celeste y blanco, como la ropa de La Inmaculada Concepción, santa de la ciudad, los protestantes más patriotas, al igual que los judíos de nuestra ciudad se limitaban a murmurar que el adorno debía ser de los colores de la bandera, pues había más mexicanos que católicos en la ciudad, y como siempre, eran ignorados y tachados de antipatriotas. Cada año el presidente municipal se esmeraba en hacer una fiesta de aniversario que se comparara con la celebración del grito de independencia que daba el gobernador en la capital, en toda Ciudad Soleada siempre había existido resentimiento y envidia hacía los poblanos, cuando nombraron a Puebla capital del estado, toda la nobleza y gente influyente de Ciudad Soleada protesto y por poco fundan otro estado con tal de que Soleada fuera capital, pero el Emperador Iturbide no hizo caso, solo repartió entre ellos más títulos y tierras. Cuando Puebla fue reconocida como ciudad heroica, en Soleada, los hombres que habían peleado contra los franceses y contra los norteamericanos saquearon y quemaron las casas de los ricos. Hace no muchos años, cuando en Puebla inauguraron Angelopolis, aquí construyeron Heliópolis, y eso solo demostró a nivel nacional que los Soleados somos unos envidiosos. Ese año, la envidia logro sus objetivos, la fiesta de fundación fue tan anunciada y espectacular que hubo varios centenares de turistas extranjeros hospedados en la ciudad. Nuestro padre trabajaba para el municipio, era un burócrata de esos que entorpecen todo tipo de tramites en este país, su condición de empleado del gobierno le daba ciertos beneficios, y en esa ocasión el tenía lugares preferentes en uno de los balcones del palacio municipal, para ver los fuegos artificiales que darían inicio a la media noche.

Los fuegos artificiales que debían comenzar a las 12 llevaban un retraso de media hora, el presidente municipal, el Licenciado Rivas, estaba enfurecido por el retraso, no paraba de dar vueltas en el balcón central y llamar por radio a los encargados de la pirotecnia, eso es lo que supusimos. Los fuegos artificiales serian lanzados desde el parque de la Alameda, ubicado a la izquierda del palacio municipal y al frente de la Catedral de Soleada. Parece que un par de los encargados de la pirotecnia estaba ebrio y dejaron caer un cigarrillo sobre una de las cajas con explosivos mientras reñían por ver quien debía encender la primer bengala, la cantidad de pólvora que había en la bodeguita del parque de la Alameda era tal que el cielo se veía tan iluminado como al mediodía, el fuego se extendió rápidamente consumiendo los álamos viejos del parque, las casonas roídas por las polillas que circundaban la plaza y finalmente el Palacio Municipal, murió la mitad del personal del municipio en ese incendio, entre ellos nuestros padres. Toda esa noche fue de gritos, desesperación, de gente corriendo de un lado a otro; el incendio comenzó a extenderse por el Barrio Viejo, donde las casonas alguna vez aristócratas, morían lentamente entre las brazas, recuerdo que nos unimos a los voluntarios que pelearon con heroísmo contra el fuego; como los bomberos no se daban abasto, corrimos con cubetas desde la Fuente de los Moros hasta las calles empedradas loma arriba para intentar salvar aquellos monumentos a la decadencia de la ciudad. Al amanecer la ciudad se encontraba sumergida en una espesa nube de humo, desde nuestro barrio de clase media, al este de las lomas, podíamos ver el humo tomar un color purpura. Alrededor de las 2 de la tarde dieron a conocer en la televisión y radio los estragos reales del incendio: 138 muertos, 27 inmuebles dañados, las perdidas económicas serian repuestas por el municipio y el gobierno estatal, al igual que los gastos de sepelios; pero nada de eso reponía la desolación de quienes perdimos familiares en aquel desastre iniciado por la envidia de los soleados. No hubo muchos cuerpos que entregar a los familiares de las victimas del palacio municipal, solo entregaban pequeñas urnas con cenizas, sabíamos que esa urna no contenía cenizas de alguno de nuestros padres, aún así, las aceptamos y les lloramos como si fuese el ataúd con el cuerpo completo. El municipio declaro una semana de luto en la ciudad, el luto para nosotros, bueno, para mi duró mucho más tiempo, en ti no estoy seguro, no mostrabas sentir nada, quedaste como retraído después de todos esos sucesos, indiferente, cambiaste después de todo eso. 


1 Heskert. Familia fundadora de Soleada, todos los descendientes fallecieron debido a una supuesta maldición.
Posteriormente se publicará la historia de Zuriel, el último descendiente.


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